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La cruda verdad

Posted by admin on Sunday, 7 March, 2010

Más allá de ser una comedia romántica muy al estilo de He’s just not that into you, The Ugly Truth trata de lo obsesivo en las relaciones entre hombres y mujeres.

La película ilustra muchas verdades crueles acerca de lo que un hombre busca en una mujer bajo la óptica de un consejero que alardea de insensibilidad y el “no me importa”.  Esa clase de hombres que son tan, pero tan hombres, que se hacen de lo más predecibles, pero que difícilmente se dan cuenta que es ella quien les “mueve el tapete”, y cuando se percatan de ello, huyen. ¿Por qué? POR MIEDO.

El dilema de las relaciones es la vulnerabilidad a la que uno se expone cuando empieza a conocer a alguien, y es ahí donde viene el juego de poder: Si te comportas de manera agraciada, atenta, interesada en la persona, no te prestará atención; mientras que si la indiferencia y el trato frío reinan, estará más que interesada. ¿Naturaleza humana? Tal vez, pero siempre funciona. Simplemente porque “por naturaleza” siempre queremos lo que no podemos tener o lo que no tenemos en ese momento.

“Sé tú mismo” es lo que los consejos resumen en su mayoría cuando se trata de conquistar al sexo opuesto, pero parece que pretendiendo se puede conseguir la atención de manera efectiva. Me refiero a tener cierta actitud de entrada para que “muerda el anzuelo” y ya después se permitan sentir y entregarse a una bonita relación.

Partimos de la siguiente premisa: los hombres y las mujeres NO SOMOS IGUALES. Pensamos y queremos cosas distintas. Los hombres tienen atestada la idea de ser el sexo fuerte, no se permiten sentir, lo pueden hacer casi todo, no lloran, no se enamoran, son rudos, no les importa nada más que el sexo, trabajo, deportes, alcohol… Mientras que las mujeres, por más que queramos hacer trabajos rudos, usar traje sastre con corbata y llevar el pelo corto, no dejaremos de tener nuestra parte sentimental a “flor de piel”. Solemos llorar, tener miedo, estar deprimidas; tener el armario lleno y caer en la histeria por no tener qué ponernos; comer helado después de una decepción amorosa; ver fotos y suspirar; hacer cartitas de amor o cualquier tontería en cumpleaños, aniversarios, 14 de febreros, etc. Y todas esas actitudes que nos hacen tiernas, románticas e irresistibles son las que hartan a los hombres. Nosotras soñamos con el compromiso y el amor –habrá algunas que no- pero en su mayoría estamos buscando a “Mr. Right”. ¿Acaso los hombres no queréis una casa, hijos, una camioneta y un perro en el patio?

Los hombres suelen tomar las cosas con más calma, las mujeres con más intensidad. ¿Qué mujer no quiere que el hombre que le gusta, la enamore poco a poco, se mantenga el romance y el interés y después de varias salidas maravillosas o de un bonito noviazgo le pida algo más serio o simplemente le diga TE AMO? ¿Qué hombre no le gustaría tener a su lado una chica bonita por la cual se esforzó? Eso te hace sentir especial. Esforzarte por algo, disfrutar cuando lo obtienes.

Sin afán de generalizar, muchos hombres desearían que las mujeres fuéramos tan simples como “coge lo primero que aparezca para vestirte”; directas como “sólo quiero sexo contigo y que cuando tenga ganas te marque y estés disponible”; congruentes como “no me quiero involucrar, así que prefiero no contestar tus llamadas”; y prácticas como “tengo mucho trabajo, mejor no hablemos en días”. Pero no, no somos así ni lo seremos y el día en que encuentren una mujer así, es porque está disimulando para que se interese en ella.

Pretender es un arma de defensa que evita mostrarnos vulnerables ante la persona interesada y es por eso que se vuelve cotidiano en una serie de “reglas” o “principios” de la estrategia de conquista. Por ejemplo, cuando el hombre pretende ser una máquina sexual imposibilitada a enamorarse o cuando la mujer se comporta indiferente ante una invitación que está deseando aceptar. O cuando hombres y mujeres están deseando que la otra persona les hable pero son incapaces de dar el primer paso. ¿No os parece insolente? ¿Qué necesidad hay de pretender ser alguien que no eres para conquistar? Es traicionar a uno mismo, y finalmente la cruda verdad sale a relucir. Suele suceder que la otra persona se da cuenta que eres todo lo que odia en una pareja, pero si ésta ya se encuentra “enganchada” es ahí donde las  cosas se complican.

Hombres y mujeres nos vendemos a la idea de un Prince/Princess Charming y tenemos todo un checklist para determinar si el/la candidato/a cumple; pero muchas veces nos cegamos de los demás atributos que la persona puede tener y que no necesariamente entran en nuestra lista.

¿Por qué no nos quitamos de estrategias y nos decimos realmente lo que sentimos? Probablemente porque no queremos enfrentarnos con The Ugly Truth.

“Men are incapabable of growth, change or progress. For men, self-improvement ends at toilet-training”

El peligro de enamorarse de la persona equivocada

Posted by admin on Wednesday, 3 February, 2010

¿Qué sucede cuando nos enamoramos de la persona equivocada? Es difícil ¿no? Sobre todo porque el problema no es que no sea “the one”, sino que ya nos hemos enamorado. Pero, ¿cómo darse cuenta de que esa persona no es la correcta si el amor “es ciego”?

En primer lugar, el amor no es ciego, los ciegos somos nosotros. Vivimos autoconvenciéndonos de que esa persona nos quiere, de que es así porque trae presiones del trabajo, la vida, su familia,sus amigos…, y muchas veces pensamos que somos los culpables de esa indiferencia hacia nosotros. Y no es verdad. No es verdad que tengamos que ser diferentes, no es verdad que no nos quiere por nuestra culpa, ni es verdad que esté molesta a nuestra causa. Simplemente no queremos darnos cuenta de que esa persona no nos quiere y no le importamos; y por ello tiene esa actitud. Así como lo malo no está en nosotros mismos, tampoco en la otra persona; es sólo que ésta no es la correcta.

Segundo,  el enamoramiento se basa en el tiempo, no es algo que surge en cuanto conoces a alguien. No, no sucede. Eso también es autoengaño. Te enamoras conforme vas conociendo a la persona y en base a lo que te dice, te hace, te muestra. Todo eso que hace particular a esa persona, pero que se complementa con lo que uno empieza a SENTIR. También existe algo fundamental: compartir. Ya sean palabras, ideas, secretos, lugares, momentos, sueños… Todo esto es lo que te hace enamorarte. No te enamoras de la persona “porque es maravillosa”, sino de aquellos elementos que hacen que te enamores de ella, lo cual es muy diferente. Totalmente.

Cuando estos elementos cambian es cuando se “rompe el encanto”, y erróneamente pensamos que la persona “ya no es la misma”, olvidando que NADA es ya lo mismo, ni siquiera nosotros, que no somos capaces de encontrar esa nueva combinación idónea para continuar enamorados, y seguimos “enganchados” a un sentimiento que sucedió en algún momento pero que ya no existe.

En tercer lugar, está el presentimiento. El corazón no engaña, y cuando tenemos cierto presentimiento, las cosas ya no resultan ni resultarán. No se trata de prejuicios, sino de que algo no nos “late”. Es ese PERO que vemos en esa persona. El problema es cuando A PESAR de nuestro gran PERO, continuamos ahí y volvemos al primer punto: el autoengaño.

Cuarto. La indiferencia, los golpes bajos, las palabras feas, las discriminaciones, la falta de aprecio, de respeto, de dignidad y todas las faltas son muestra INELUDIBLE de que esa persona NO ES LA CORRECTA. No hay más que comentar ¿Por qué estar al lado de una persona que te hace daño? Tal vez esto tendría que ser la primera condición para darse cuenta de que esa no es la persona correcta, no obstante, nuevamente el autoengaño no nos hace “abrir los ojos”. Cuando una persona está enamorada de ti, te cuida al máximo, es incapaz de hacerte sentir mal, se preocupa por tu bienestar y hace todo lo posible porque te encuentres bien.

Por último, tendrías que preguntarte si esa persona es como tú la pensaste al 100%. No se trata de que sea idealizada y quieras autoconvencerte de que cumple la “mayoría” de las características que tú quieres, sino que las tenga TODA. Se trata de que te haga sentir justo lo que querías. No me refiero a lo físico, sino a cómo piensa, cómo te trata, lo que te hace sentir y lo que compartes con ella.

Las secuelas de equivocarse son devastadoras. Lo más triste es no aceptar que esa persona no es para ti y seguir empecinado a continuar una relación rumbo al quiebre. ¿Qué pasa? ¿Nos gusta sufrir? ¿O somos cobardes? Quizá tenemos miedo de que esa persona sea la última que vayamos a encontrar. Ese miedo  nos hace detenernos para ponerle un “hasta aquí”.